Entrevista a Dimas Suárez,
Responsable de Negocio.
COFI Solutions nace de la especialización en la identificación, gestión y valoración de activos intangibles. A partir de ahí, evoluciona hacia un servicio integral de asesoramiento contable y fiscal, además de operaciones de financiación y M&A.
Su enfoque combina visión estratégica y rigor técnico, ayudando a empresas a tomar mejores decisiones con información financiera clara y estructurada.
+Suárez es una asesoría con una larga trayectoria. ¿Cómo ha evolucionado el despacho en los últimos años y cuáles son hoy los principales retos a los que os enfrentáis?
D: Nuestros pilares siempre han sido la formación y la tecnología. La primera nos ha dado perspectiva sobre lo que se viene: llevamos apostando por la IA generativa y las automatizaciones desde 2022, lo que nos ha permitido anticiparnos a las necesidades de nuestros clientes en lugar de correr detrás de ellas.
Un ejemplo claro fue la Ley Crea y Crece: detectamos antes de su entrada en vigor que muchos clientes iban a necesitar herramientas de digitalización compatibles con Verifactu, y fuimos de los primeros en orientarles en ese camino. Siempre con la misma filosofía: el cumplimiento normativo no es un problema, es una oportunidad si se gestiona bien.
Antes de incorporar herramientas como Easor, ¿qué tareas ocupaban más tiempo al equipo y qué procesos resultaban más complejos de gestionar?
D: El gran cuello de botella era la recepción y gestión de documentación: mucho tiempo invertido, ningún valor generado, y una fuente constante de fricción tanto para el equipo como para el cliente. Los trimestres se convertían en avalanchas y algunos clientes vivían nuestra relación casi como una obligación más, no como un servicio.
Hoy eso ha cambiado radicalmente. La comunicación es continua, las cargas de trabajo se distribuyen de forma mucho más homogénea, y el empresario tiene acceso a información en tiempo real: acumulados de impuestos, situación de tesorería, capacidad para afrontar una inversión o solicitar financiación. En definitiva, hemos pasado de conducir mirando el retrovisor a hacerlo con la vista puesta en el parabrisas.
La gestión de documentación y la actualización constante de la información son aspectos clave en una asesoría. ¿Qué dificultades encontrabais en este ámbito antes de dar el paso hacia la automatización?
D: El problema de fondo era estructural: aunque en momentos de menor carga quisiésemos adelantar trabajo, no teníamos la documentación disponible para hacerlo. Y al cliente, en esos mismos momentos, tampoco le compensaba el esfuerzo de prepararla. Era un círculo vicioso. La automatización lo ha roto.
Hoy dedicamos mucho menos tiempo a tareas administrativas sin valor y mucho más a lo que realmente importa: analizar, interpretar y acompañar. Podemos pararnos en los detalles, anticipar consecuencias y dar un asesoramiento de verdad personalizado..
¿Hubo algún momento o necesidad específica que os hiciera plantearos que era imprescindible apostar por una solución tecnológica más avanzada?
D: Hubo varios, pero uno especialmente claro fue la nueva normativa de facturación. Sabíamos que iba a suponer un momento disruptivo para muchos de nuestros clientes: obligaciones nuevas, procesos desconocidos, y la sensación de no saber por dónde empezar. Si nosotros no llegábamos con una solución bajo el brazo, iban a quedar expuestos. Y eso no encaja con nuestra forma de trabajar. Siempre hemos sido un despacho que arropa a sus clientes, que se adelanta a sus problemas en lugar de esperarlos. La tecnología, en ese sentido, no es un fin en sí mismo sino la herramienta que nos permite seguir cumpliendo ese compromiso.
Cuando decidisteis avanzar en vuestra transformación digital, ¿qué buscabais exactamente en un software?
D: Teníamos dos criterios innegociables. El primero: que fuese útil para el cliente, no solo para nosotros. Una herramienta que el empresario percibe como una imposición más está condenada al fracaso desde el primer día, da igual lo eficiente que sea en la sombra. Necesitábamos que aportase valor real a quien la usa. El segundo: que nos liberase tiempo, no para tener más horas libres, sino para poder profundizar más en los números y en lo que hay detrás de ellos. Porque ahí es donde está el verdadero asesoramiento
¿La automatización y la contabilidad colaborativa os han permitido asumir más clientes, ofrecer nuevos servicios o crecer sin incrementar proporcionalmente la carga operativa?
D: Nuestra respuesta aquí va a contracorriente: desde la pandemia no solo hemos dejado de buscar crecer en número de clientes, sino que directamente hemos rechazado a muchos. Creemos en la calidad por encima de la cantidad.
La carga regulatoria sobre autónomos y empresarios no ha parado de aumentar, y eso significa que cada cliente requiere cada vez más dedicación para recibir el servicio que merece. Queremos ser una asesoría boutique, no una factoría. Por eso el tiempo que ganamos con automatizaciones y protocolos internos no lo usamos para incorporar más clientes, sino para dar más a los que ya tenemos. Ese es el crecimiento que nos interesa.
Normativas como Verifactu están acelerando la digitalización del sector. ¿Cómo creéis que van a transformar el trabajo de las asesorías durante los próximos años?
D: Llevamos años escuchando que los asesores fiscales somos de los primeros en la lista de profesiones que va a eliminar la IA, y que con Verifactu dejaremos de ser necesarios, que bastará con «aceptar un borrador» como en la declaración de la Renta. Y sin embargo la realidad es la contraria: somos más demandados que nunca, cada vez más reconocidos como profesión esencial y con un papel más relevante en la toma de decisiones empresariales.
Verifactu y la digitalización no nos quitan trabajo, nos liberan del trabajo que menos valor aporta para que podamos centrarnos en el que más aporta. Esa es la transformación real.
¿Qué papel creéis que jugarán la automatización y la inteligencia artificial en la asesoría del futuro?
D: Es el cambio de paradigma más grande desde la llegada de internet, y con consecuencias probablemente mayores. Las asesorías que pretendan seguir haciendo lo de siempre van a quedar obsoletas rápido, en cuanto el cliente perciba que no están aportando nada que no pueda obtener de otra forma. Pero las que entiendan que la IA y la automatización son herramientas al servicio del criterio profesional, no sustitutos de él, tienen por delante una oportunidad enorme.
En +Suárez lo tenemos claro: el tiempo que nos ahorra la tecnología lo invertimos en acompañar a nuestros clientes en problemáticas cada vez más complejas. Eso no lo va a hacer ningún algoritmo.
Después de vuestra experiencia, ¿qué le diríais a una asesoría que todavía no ha iniciado su proceso de transformación digital?
D: Que el mejor momento para haber empezado fue hace cuatro años, y el segundo mejor momento es hoy. Y añadiría algo que no siempre se menciona: no lo hagas solo pensando en los clientes, hazlo también por tu equipo. Al principio puede haber reticencias, es normal, cualquier cambio genera incertidumbre. Pero en cuanto las personas que trabajan contigo empiezan a notar que determinadas tareas pesadas desaparecen de su día a día, se convierten en los mejores embajadores del cambio. La transformación digital no es una decisión tecnológica, es una decisión de cultura de empresa.